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Tengo prisa por dejar una huella positiva

Fuente: Port of Rotterdam

Si conoces a Duna en una fiesta de cumpleaños y le preguntas a qué se dedica, no escucharás el título de un puesto de trabajo, sino una historia. Una historia sobre el puerto como un ecosistema en el que las materias primas, la energía y los productos están en constante movimiento. «Esos flujos son la base de nuestra economía y de nuestra vida cotidiana. Pero todos conllevan una huella de carbono». Y explica: «Yo trabajo para hacer que esos flujos sean más sostenibles. Eso empieza desde la misma fuente y termina en el usuario final». Ahí es donde radica su labor: ayudar a transformar esos sistemas existentes mientras siguen funcionando. «Eso es lo que lo hace tan complejo. Estás construyendo un sistema nuevo mientras el antiguo continúa en marcha». Sin embargo, para ella, esa complejidad no es una razón para desacelerar, sino todo lo contrario. «La transición energética exige un cambio fundamental en un sistema que ha funcionado bien durante décadas. Eso es increíblemente complejo. Por eso mismo quiero formar parte de ello».

El puerto cuenta una historia

Que haya terminado en el mundo de los puertos y la logística no es coincidencia. «El puerto ofrece una perspectiva única de la economía global», afirma. «Donde otros ven hojas de cálculo, yo puedo ver literalmente la economía en movimiento». Y continúa: «Flujos comerciales, geopolítica, comportamiento del consumidor: todo converge aquí». Es precisamente esa tangibilidad lo que la fascina. «Puedes ver cómo cambia el mundo y cómo se adapta el puerto. Y, mientras tanto, las operaciones continúan sin detenerse». Se define a sí misma como un poco nerd, alguien capaz de hablar con entusiasmo a su familia durante las vacaciones sobre, por ejemplo, las líneas ferroviarias con las que se cruza. «Piensan que soy una adicta al trabajo», dice con una sonrisa. «Pero están increíblemente orgullosos de mí».

De la frustración a la acción

Tiene un fuerte impulso y pasión. Se ríe: «¡Eso viene de mis raíces sudamericanas!». Con orígenes en Colombia y Brasil, ha vivido y trabajado en lugares como Estados Unidos e Italia. «Sé lo que es el privilegio, pero también sé lo distintas que pueden ser las cosas». Esa conciencia le genera un sentido de urgencia. «No quiero mirar atrás y pensar: podría haber hecho más. Así que cuando algo me frustra —ya sea en mi trabajo o en el mundo— intento transformar esa energía en acción». Creció en una familia de mujeres fuertes y con un padre muy inteligente que siempre la animó a ser ambiciosa. «Veo mi carrera como una misión: generar un impacto, a través de mi trabajo y más allá». Y añade: «Intento descifrar cómo puedo convencer a otros para que se sumen. Cómo pueden otros correr esta maratón conmigo. Porque no puedo hacer un esprint yo sola». Se pone el listón alto a sí misma y a los demás. Se ríe de nuevo: ahora que tiene 45 años, ha aprendido a relativizar mejor las cosas.

Pionera en hidrógeno verde y amoníaco

Tras años trabajando para Port of Rotterdam International, Duna se trasladó a Brasil en 2019 en representación de la Autoridad Portuaria para trabajar en su participación en el puerto de Pecém. En aquel momento, el hidrógeno verde era poco más que un concepto de moda. Durante su estancia en Brasil, trabajó en el desarrollo de un polo de hidrógeno verde. «Allí empezamos verdaderamente desde cero», señala. «Gobiernos, empresas, universidades: nadie sabía exactamente cómo debía hacerse. Pero, paso a paso, empezó a surgir un ecosistema». A día de hoy, ya existen planes concretos para la producción y exportación a gran escala, con Róterdam como un destino clave.

«No se trata del hidrógeno o el amoníaco en sí, sino del objetivo: un puerto y una industria neutros en CO₂ en 2050.»

En 2024, regresó a los Países Bajos, donde desde entonces se ha centrado en el uso del amoníaco verde. «Ni en un millón de años habría pensado que trabajaría con amoníaco», afirma. «Pero es una de las vías para transportar energía renovable por todo el mundo». Lo que la impulsa no es una tecnología concreta. «No se trata del hidrógeno o del amoníaco en sí, sino del objetivo: un puerto y una industria neutros en CO2 para 2050». Menciona proyectos concretos: «El suministro (bunkering) de combustibles sostenibles, incluidos el amoníaco y el hidrógeno líquido». Y continúa: «También se trata de habilitar la infraestructura necesaria —terminales, crackers, canalizaciones— para la importación de hidrógeno renovable y contribuir a la transición de las actividades basadas en combustibles fósiles hacia actividades sostenibles en el puerto».

La colaboración como clave

Según Duna, el mayor desafío no es solo tecnológico, sino que reside principalmente en la colaboración. «Las empresas no pueden hacer esta transición por sí solas. Se necesitan productores, terminales, inversores y responsables políticos, y todos tienen que avanzar al mismo tiempo». Eso suele ser más fácil decirlo que hacerlo. «Todos están esperando a los demás. Los productores quieren certeza antes de invertir, mientras que los compradores quieren ver la oferta primero. Así es como las cosas pueden estancarse». Y, sin embargo, también ve ejemplos alentadores, como un proyecto piloto de bunkering con amoníaco en el puerto. «Fue un trabajo pionero, con muchas incertidumbres. Pero gracias a que las partes trabajaron juntas con una actitud positiva y decidida, se logró. Ese tipo de momentos demuestran que es posible». Destaca lo importante que es la perseverancia en este tipo de proyectos: «Si te rindes rápido, no eres apto para trabajar en esta transición».

La necesidad de un nuevo liderazgo

Según Duna, la transición energética también requiere una forma de pensar diferente. «Debemos alejarnos de la idea de que cada uno opera de forma individual. Ya no es una competencia entre empresas, sino un desafío compartido». Ve un papel fundamental para un nuevo tipo de liderazgo: «Más colaboración, más enfoque en el ecosistema colectivo. Menos en el éxito individual». También observa un cambio hacia un mayor espacio para el liderazgo femenino y le apasiona la igualdad de género. «Las perspectivas diversas ayudan a resolver problemas complejos».

Mirando hacia el futuro

De cara al futuro, Duna ve un puerto que sigue desempeñando un papel crucial, pero con flujos diferentes. «Hay un mapa del puerto que muestra todos los flujos de energía. Espero que dentro de diez años veamos el mismo mapa, pero lleno de flujos de energía verde: biocombustibles, hidrógeno, amoníaco y otras moléculas renovables».

«No tenemos tiempo que perder. Lo que hagamos ahora determina el futuro. Y quiero dejar mi huella en él».

— Duna Uribe, gerenta de Nuevas Energías de la Autoridad del Puerto de Rotterdam

Cada acción cuenta

Duna tiene un mensaje claro. «Todos pueden causar un impacto, tanto en su trabajo como fuera de él. Tómate el tiempo para pensar en qué puedes contribuir y hazlo». Para ella, la dirección es clara: no esperar, no desacelerar, sino contribuir. Y cuando las cosas no salen a su manera, busca a su alrededor a personas que la inspiren. Menciona a Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), política demócrata de Estados Unidos. «Tiene una batalla enorme por delante. Me inspira a seguir adelante». Paralizarse no es una opción. «No tenemos tiempo que perder. Lo que hagamos ahora determina el futuro. Y quiero dejar mi huella en él».

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